Editor de PIONEROS en Cozumel (arevalo61@yahoo.com.mx)
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Días antes, Pedro Infante estuvo a punto de estrellarse en el mismo avión, cuando aterrizó en el aeropuerto internacional de la ciudad de México. “Tuvo un mal aterrizaje, al grado que ‘rebotó’ la aeronave. El hecho originó que Julián Villarreal convocará a todos los pilotos de TAMSA a una reunión extraordinaria de trabajo, para informarles que Pedro podía pilotear cualquier DC3, pero el avión de cuatro motores, no. Solamente como copiloto”, Nassim Joaquín Ibarra.
(Publicado en abril de 2007)
El 9 de abril de 1957, la Suprema Corte de la Nación declaró nulo el matrimonio que Pedro Infante había llevado a cabo con Irma Dorantes (Irma Aguirre Martínez), en 1953. Aquello se convirtió en un escándalo nacional.
La demanda había sido promovida por María Luisa León, su anterior esposa, y con quien aún se encontraba legalmente casado. El actor, que se hallaba en Mérida, se vio precisado a viajar a la ciudad de México para aclarar el asunto lo antes posible.
Los hermanos Ruperto y Jacinto Prado Fuentes, así como el empresario cozumeleño Nassim Joaquín Ibarra, amigos personales del desaparecido actor y cantante, nos dan cada uno su versión acerca de ese fatídico día lunes 15 de abril de 1957, el día que México lloró.
“Pedro – dice don Ruperto Prado – estaba acusado de bigamia y no quería viajar en avión de ruta porque al llegar al aeropuerto la prensa lo iba a ver, entonces empezamos a buscar a don Julián Villarreal que era el gerente de TAMSA para que cambiara el copiloto que iba a salir el lunes al Distrito Federal cargado de pescado, y nos fuimos a localizar a don Julián hasta Chelén.
“Por la mañanita del lunes Pedro fue a mi casa a despedirse de mi papá (Ruperto Prado Pérez) quien estaba acurrucado en su cama. Le abrí la puerta, preparé dos cafecitos mientras él se sentó en la cama y le decía a mi papá ‘viejo ya me voy’, pero mi papá estaba muy dormido, y como no le hacía caso entonces se subió por completo a la cama, se montó sobre él y le chiflaba al oído, ‘viejo ya me voy, ya es tarde’, luego se despidió y se fue”.
Por su parte Jacinto Prado dice que Infante, tras conseguir despertar a su padre, le dijo que le siguiera por un radio que le había traído de Caracas, Venezuela: “Cuando mi papá intentó localizarlo –dice Jacinto Prado – por medio de la radio del avión, escuchó voces alteradas, insultos, lo apagó y se acostó, y fue hasta el medio día que se enteró de la muerte de Pedro Infante”.
Ruperto Prado recuerda que incluso dos cuadras antes del accidente se podía ver el reguero de pescado: “Cuando llegué estaba la gente con palos queriendo voltear la cabina del avión. Había el peligro de que estallara y entonces todos corrían y volvían. Luego sacaron los cuerpos de Pedro, de Víctor y del mecánico Bautista y los llevaron a la funeraria de Pérez Rodríguez porque ahí estaba el Ministerio Público para levantar el acta. A Víctor y a Bautista se los llevaron sus familiares mientras que yo llevé el cuerpo de Pedro al cuarto frío del Hospital Orán.
“Le avisé a Irma (Dorantes), le avisé a la ANDA (Asociación Nacional de Actores) y le avisé a su mamá, doña ‘Cuca’ (Refugio Cruz). La ANDA me dijo que al día siguiente iban por el cuerpo y como a las cinco de la tarde lo fui a buscar al hospital, lo llevé al gimnasio de su casa (hoy Hotel Boulevar Infante) y ahí se hizo el velorio. Al día siguiente se lo llevaron a México…”
Ruperto Prado asegura que Víctor Manuel Vidal era el piloto y que Infante se limitó a ser el copiloto, pero el empresario cozumeleño Nassim Joaquín Ibarra tiene otra información y nos dice que días antes, Pedro estuvo a punto de estrellarse en el mismo avión, cuando aterrizó en el aeropuerto internacional de la ciudad de México:
“Tuvo un mal aterrizaje, al grado que ‘rebotó’ la aeronave. El hecho originó que Julián Villarreal convocará a todos los pilotos de TAMSA a una reunión extraordinaria de trabajo, para informarles que Pedro podía pilotear cualquier DC3, pero el avión de cuatro motores, no. Solamente como copiloto”, enfatiza Nassim Joaquín.
Sin embargo, Víctor Manuel Vidal, piloto chiapaneco y mejor compañero de viaje de Pedro Infante, desobedeció la orden, dándole el mando del avión. La historia está escrita.
EL DÍA FATAL
“Me encontraba desayunando en el hotel ‘Mérida’, con don Fernando Barbachano Peón – recuerda Nassim Joaquín–, cuando mediante una llamada telefónica nos avisan que un avión de la Comisión Federal de Electricidad, se había estrellado en el aeropuerto de Mérida. Llamé a Julián Villarreal y al responderme me dijo que fuera de inmediato, porque en realidad el que se acababa de estrellar era Pedro Infante”.
En medio de la consternación y confusión, le solicitaron al propio Nassim que fuera “con el joven Vales” a la casa de Pedro Infante, para empezar adoptar las medidas de seguridad correspondientes, en torno a su propiedad y sus cosas de valor.
“Era un avión de cuatro motores muy pesado; Pedro no le dio la potencia necesaria durante el despegue, originando su caída”, afirma.
“Me encerré en el hotel ‘Colón’ muy consternado por la noticia.
“Alrededor de las tres de la tarde, salí a la puerta del hotel, cuando en esos momentos se detuvo un carro y su conductor, de apellidos Solís Pinelo y jefe de pilotos de TAMSA, me dijo: súbete. Atrás viajaba un médico legista. No pudimos transitar más allá de la 62, porque una vez conocida la noticia, la gente salió a las calles para conocer en detalles el suceso trágico”, expresa.
Ambas personas llevaron a Nassim al sitio, en donde menos quería estar en esos momentos.
“El cadáver de Pedro estaba envuelto con una sábana manchada de sangre. No había cabeza, no había manos, no había piernas; mientras que el olor del cuerpo quemado – únicamente del tórax – era desagradable. Entre los escombros, se localizaron las manos cubiertas con los guantes que utilizaba Pedro para pilotear, pero no encontraron el anillo de brillantes que solía portar. Aquel día nunca será olvidado”, finaliza.
En el accidente fallecieron el piloto Víctor Manuel Vidal Lorca, el copiloto Pedro Infante Cruz, el mecánico Marciano Bautista Escárraga, una muchacha de entre 18 o 19 años, Ruth Rosell Chan, a quien le cayó encima el avión, y el jovencito Baltazar Martín Cruz, quien sufrió severas quemaduras.


