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La Noche Triste de los Lafitte, en Cancún
Escrito por: FRANCISCO VERDAYES ORTIZ
Director General de PIONEROS (fverdayes@hotmail.com)

Categoría: Cancún | Piratas | Temas | portada
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(Publicado en septiembre de 2004. Edición No. 19)

A las 10 de la noche del 30 de octubre de 1821, trece valerosos soldados de la guarnición de Nueva Málaga desembarcaron en Cancún, para enfrentar y capturar a los piratas franceses, Pierre y Jean Lafitte, y a su banda de 22 rufianes –en su mayoría italianos– quienes habían hecho de la costa quintanarroense su área de operaciones.

La “cueva” de los Lafitte era un rancho a la orilla del mar, ubicado en lo que hoy es Punta Cancún, propiedad por aquellos tiempos de Clemente Cámara, quien se decía dueño de Isla Mujeres.

A fin de combatir a todos los que venían asaltando los pueblos, las autoridades españolas instalaron en Nueva Málaga (muy cerca de Chiquilá) una guarnición al mando del comandante Miguel Molas.

Según Fidel Villanueva Madrid, cronista de Isla Mujeres y experto en el tema, fue Pierre Lafitte quien a trabucazos sorprendió a los soldados españoles pero muy pronto fue superado y herido de muerte.

Tomando como base los dos informes del comandante Miguel Molas (4 y 13 de noviembre de 1821) se ha querido adaptar estos párrafos a un lenguaje contemporáneo con la idea de hacer más comprensible su lectura:

“…Cuando menos lo esperábamos gente armada salió a nuestro encuentro, disparando sobre nosotros. Un trabucazo me alcanzó, a pesar de haber sesgado el cuerpo, entrándome cuatro balas en la espalda y brazo izquierdo. Una parte del enemigo huyó al monte, mientras que la otra se embarcó precipitadamente, quedando cinco prisioneros, entre ellos Pierre Lafitte.

“Por los prisioneros supimos que el buque pirata se hallaba en isla Mujeres y acudimos ahí para exterminar completamente al enemigo. Desembarcamos en Isla Mujeres, y cuando estábamos en tierra apareció su buque. Con cinco tiros, su cañón hizo temblar la playa diezmando a mi gente. Me quedé sólo con dos hombres y tuve que internarme al monte pero mis prisioneros quedaron en poder de los corsarios, incluyendo Pierre Lafitte.

“Uno de los prisioneros que no pudo, o no quiso escapar, es un español aprendido  en la costa de la Habana. Dijo que Clemente Cámara tenía tratos con ellos pues se había llevado artículos para vender en Campeche por un monto de 6, 500 pesos, y que a su regreso liquidaría cuentas.

“Dijo que la principal parte del cargamento que tenían en Cancún, era botín de un asalto a una goleta española que hacía el viaje de Cádiz a Veracruz, y cuya suma ascendía entre 50 y 70 mil pesos. La mitad de ese cargamento fue el que Cámara llevó a Campeche”.

LA VERSION DE LOS PIRATAS

La misma noche en que Pierre Lafitte cayó herido ante los soldados de Nueva Málaga, su hermano Jean logró anticiparse a Isla Mujeres para abrir en la playa una enorme zanja y ocultar el botín, producto de sus atracos.

Todo lo que ocurrió ese día –del lado de los piratas– se sabe gracias al testimonio de un hombre llamado Pedro Povedano, quien a los ocho años se desempeñaba como asistente de los hermanos Lafitte.

A los 56 años de edad (en 1877) Pedro Povedano platicó todo lo anterior a los esposos Le Plongeon (Alice y Augustus) quienes realizaron un viaje arqueológico por Isla Mujeres.
En su relato, Pedro habla sobre el ataque del comandante Miguel Molas al rancho de Cancún, y de la retirada de Jean Lafitte a isla Mujeres, en busca de un escondite para ocultar su valioso cargamento.

Así lo narra el cronista Fidel Villanueva Madrid: “Pedro Povedano les dice que el pirata, cuando vio venir los barcos,  juntó todas sus joyas, el oro, y la plata en cofres, los envolvió en telas alquitranadas  – porque no existía lona – abrió una enorme zanja a 60 metros de Playa Norte (Isla Mujeres) y luego preguntó a sus correligionarios: ¿quiénes me cuidan el botín? Dos hombres negros que formaban parte de su grupo dieron un paso al frente. Jean Lafitte sin pensarlo dos veces dio un tiro a cada uno y los metió dentro de la zanja,  luego daría una ‘sentida explicación’: el que encuentra huesos ya no busca más.

“Lafitte y sus hombres taparon bien esa zanja, le colocaron tres piedras encima, en forma de triángulo apuntando el vértice más prolongado al este y a 10 metros de ese vértice colocaron una barra de metal, y escaparon”.

¿QUIENES ERAN LOS LAFITTE?

Los hermanos Lafitte, Pierre y Jean, fueron los últimos de los piratas considerados clásicos. Mercenarios al servicio de España, al servicio de nuestros insurgentes; de Hidalgo; de Morelos… estuvieron al servicio de Simón Bolívar; al servicio de los norteamericanos contra Inglaterra, y de Inglaterra contra los norteamericanos.

Los Lafitte alcanzaron tal poder económico, que en 1814, cuando el gobernador de Nueva Orleáns sacó una proclama por las calles ofreciendo una cantidad elevadísima por la captura de los Lafitte, días más tarde ellos sacaron una similar en donde ofrecían el triple por la captura del gobernador.

Los Lafitte fundaron en la barra del Missisippi un lugar que se llamó Barataria en donde vendían el producto de sus robos y daban todas las cosas a precio ínfimo, y las leyes aduanales norteamericanas no hacían nada porque también se estaban beneficiando ellos, pero cuando empezaron a asaltar a los americanos entonces sí pegaron “el grito en el cielo”.

REGRESA PEDRO POVEDANO

Pedro Povedano, quien todavía era un niño, fue llevado a Yalahau (la misma zona de Nueva Málaga) y de ahí a Campeche, pero cuando decidió regresar a Isla Mujeres en1850, se encontró con que aquella desolada playa ya estaba colonizada por los inmigrantes yucatecos que tres años antes habían buscado refugio en esa ínsula tras el estallido de la Guerra de Castas (1847).

Pedro ya era un hombre de 37 años, y ya no tenía miedo de buscar el tesoro de los Lafitte, así que empezó a buscar pero sólo encontró la barra de metal arrinconada en una casa, era la barra que estaba justo a 10 pasos del tesoro.

Pedro Povedano se lo platicó a alguien, y ese alguien se lo comentó a otro, y así muy pronto se regó el chisme. Llegó a tal grado el interés por recuperar el tesoro que incluso – ya financiados por un comerciante español – fueron a la República Dominicana en busca de uno de los piratas sobrevivientes de aquel ataque de Cancún, un portugués al que, literalmente, llevaron amarrado a Isla Mujeres para que diera con la ubicación exacta.

Este acontecimiento no pasó desapercibido para la gente de la zona y todos los pescadores de Holbox fueron a Isla Mujeres, manteniéndose muy cerca del ex pirata portugués, pero éste se las ingenió para escapar y con él la posibilidad de encontrar el tesoro, que hasta la fecha no se ha hallado.

EL FIN DE LOS CLASICOS

Se entiende que Jean Lafitte al ver a su hermano mortalmente herido, bordea la costa de Yucatán para buscar ayuda médica en Dzilam, en donde se presume que Pierre todavía llega con vida entre el 8 y 9 de noviembre (9 días después de la batalla) pero no resiste y su cuerpo es sepultado en Dzilam el 10 de noviembre de ese mismo año.
Con el ataque a los Lafitte, y concretamente con la muerte de Pierre, concluyó la época de la piratería clásica en México, al tiempo de quitarles el dominio de nuestras costas de las que ya se habían apoderado tres años antes (1818) cuando fueron expulsados de la desembocadura del Mississippi, precisamente por sus actividades ilícitas.

Por lo hace a Jean Lafitte se sabe con precisión que nació en 1780 en Francia. Lo que se no sabe a ciencia cierta es cuándo ni cómo murió. Existen mil versiones sobre el destino final de este legendario hombre, ganador de mil batallas y, que sin embargo, tuvo en Cancún su “Noche triste”.

 
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