Historiador de Quintana Roo.
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(Publicado en julio de 2007. Edición No. 53)
Durante la Segunda Guerra Mundial (1942) surcaron en nuestras apacibles aguas del Caribe, 23 submarinos alemanes que fueron enviados a América para torpedear a los buques que abastecían de productos a los Estados Unidos, en una operación conocida en alemán como “Paukenschlag” (A tambor batiente, o golpe de timbal).
El escuadrón de sumergibles nazis, llamados los “Lobos Grises”, partió de Europa en diciembre de 1941, inmediatamente después de que Estados Unidos ingresara al conflicto mundial tras el ataque japonés al puerto de Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941).
“AMIGO” DE ESTADOS UNIDOS
Aunque México pretendía ser neutral a la guerra, había dado su apoyo a los Estados Unidos en lo que se llamó “Política de Protección Hemisférica” y aceptó el financiamiento norteamericano (junio de 1940) para crear bases militares sobre territorio nacional. Ejemplo de lo anterior, fue la construcción, a finales de ese mismo año, del aeropuerto militar de la isla de Cozumel. De igual forma se pondría en marcha un programa de capacitación para las fuerzas armadas mexicanas, por un monto inicial de diez millones dólares. A su vez, nuestro país se comprometió a implementar el servicio militar nacional obligatorio.
Pese a todo, México siguió considerándose neutral a pesar de que el 10 de abril de 1941 decretó la incautación de embarcaciones italianas y alemanas, a los que posteriormente puso bandera y nombres nacionales, y con los que inició un periodo de abastecimiento de petróleo a los Estados Unidos.
Con esta incómoda relación con el vecino del norte, México veía el conflicto muy lejano hasta que los japoneses atacaron Pearl Harbor, y se involucró Estados Unidos, y de paso también involucró a nuestro país, de manera que nuestra neutralidad ya era relativa, misma que se comprobó el 13 de mayo de 1942, cuando el submarino U-534, al mando del teniente Reinhard Suhren, disparó sobre el buque tanque “Potrero de Llano”, en lo que constituyó el primer ataque hacia territorio nacional.
Naturalmente México elevó su más enérgica protesta y exigió una explicación a las potencias del Eje, Tokio–Berlín–Roma y fijó una fecha máxima para responder diplomáticamente al agravio (jueves 21 de mayo de 1942). Los japoneses y los italianos ignoraron el comunicado, pero Alemania respondió con el hundimiento de otro carguero mexicano, el “Faja de Oro”, lo que llevó al presidente general Manuel Avila Camacho a declarar el estado de guerra contra Italia, Japón y Alemania, el 22 de mayo de ese mismo año.
Por supuesto la declaratoria puso la situación más tensa, y detrás de los primeros dos ataques, siguieron los hundimientos del “Tuxpan”, “Las Choapas”, “El Oaxaca”, el “Amatlán”, y finalmente el “Juan Casiano”. En total México perdió siete buques, la vida de 63 marinos e innumerables heridos. En contraparte, según el investigador James S. Forum, una patrulla de las fuerzas aéreas mexicanas bombardeó un sumergible germano frente a las costas de Tamaulipas en julio de ese fatídico 1942.
EN LA PENINSULA DE YUCATAN
Para el periodista yucateco Hernán Casares Cámara, los primeros submarinos alemanes en llegar a las inmediaciones de la Península fueron el U-106 y el U-103, aunque los más peligrosos para Yucatán –dice– fueron el U-158, guiado por Edwin Rostin y el U-129 que estaba al mando del Hans Ludwig Witt. Este último hundió un barco colombiano en aguas de Cuba, cuyos tripulantes recalaron en Quintana Roo.
Los submarinos alemanes dispararon sus torpedos contra dos buques noruegos enfrente de Sisal y contra uno estadounidense a 250 kilómetros de Telchac, además un barco pesquero de Cuba en Isla Contoy, cuatro barcos grandes de carga muy cerca de Cozumel –uno de ellos el Túpase de nacionalidad sudafricana – dos más en las inmediaciones de Cabo Catoche y por lo menos tres embarcaciones delante de Tulum e Xcalak. Esto es lo que dice Hernán Casares respecto a la situación que prevalecía en ese momento:
“Decenas de sobrevivientes de otros barcos que los alemanes habían hundido en el Caribe recalaron en el segundo semestre de 1942 en distintos puntos de la Península. Por lo menos 80 de ellos, algunos heridos de gravedad, llegaron a Yucatán y congestionaron las salas de urgencias del Hospital O´ Horán.
“La situación llegó al extremo de que el Gobierno Federal envió un subsidio especial a ese nosocomio para sufragar los gastos extraordinarios por la atención a los náufragos y, en coordinación con el gobierno del Estado, abrió en toda la Península centros de atención para los sobrevivientes de los hundimientos.
“Ante el temor de un ataque alemán, el Gobierno Federal organizó en el muelle simulacros para repeler ataques de submarinos en alta mar, mientras que en Mérida el Ayuntamiento y el gobierno del Estado programaban apagones en previsión de agresiones alemanas por la noche.”
Con acuerdo con la información que proporciona el periodista yucateco, los viajes de carga y pasaje tuvieron que hacerse en embarcaciones pequeñas, mismas que viajaban sin luces para no alertar a los alemanes, cuyos submarinos podían navegar en aguas con 20 metros de profundidad: “Los barcos salían de Progreso y navegaban por el Golfo (con destino a Veracruz) encima de los submarinos alemanes, que los dejaban pasar por su escaso tonelaje…”
¿ALIADOS EN COZUMEL?
En Cozumel es del dominio público; casi presunción, decir que los nazis se abastecían de combustible en esa ínsula, y que su principal contacto era un reconocido cozumeleño. Hoy, gracias a la bitácora de guerra se sabe que de esos 23 submarinos, cinco eran naves “nodriza” y se encargaban del abastecimiento de combustible.
Sin embargo, quizás la tradición oral local no esté tan equivocada con respecto a la existencia de aliados cozumeleños, ya que de acuerdo con el libro “Mexicanos al Grito de Guerra”, de Mario Moya Palencia (+) editado en 1992, los capitanes de los sumergibles, de vez en cuando, daban descanso a sus hombres para descansar en tierra y comer frutos de la región, además de charlar con sus “contactos”. De manera que tal vez los cozumeleños tengan razón, y quizás las bitácoras alemanas fueron muy prudentes en no mencionar a quienes les ayudaron.
Otro cozumeleño, don Carlos Namur Aguilar (+), en ese entonces cónsul honorario de la República de Honduras, comentó que por aquellos años tuvo conocimiento de que cerca de Punta Herrero un submarino alemán había torpedeado un barco de carga inglés.
La tripulación del carguero salió ilesa gracias a que antes los agresores dieron tiempo a que los marineros de embarcarse en los botes de salvamento. Casi todos salieron ilesos excepto un joven al que las balas de la ametralladora nazi sorprendieron cuando se encontraba en cubierta. El muchacho fue trasladado a Mérida en donde finalmente salvó la vida, pero perdió una pierna
UN NEGOCIO PROSPERO
En la revista Amigos de Sian Ka’an (diciembre de 1996), se publica un relato sobre las andanzas de don Joaquín Fernández Marfil, en la población costera de Río Indio, al sur de Quintana Roo.
“… Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, los submarinos alemanes hundían a todo barco que surcaba hasta 200 millas al este del Banco Chinchorro. Esa fue la suerte de un carguero con 120 personas a bordo. El barco contaba con cuatro lanchas salvavidas equipadas con agua, alimentos y telegrafía. Todos los pasajeros se salvaron gracias a ello.
“Una de las lanchas no fue rescatada en altamar quedando a la deriva hasta que una tarde tocó costa precisamente en Río Indio. Don Joaquín les proporcionó ropa y llevó al capitán Beck, responsable de la lancha, hasta Xcalak, a bordo de La Golondrina… El resto de los pasajeros fueron rescatados poco después. Beck regaló a don Joaquín la lancha…”
“Las corrientes no sólo llevaban náufragos, también arrastraban hasta la playa la mercancía que transportaban los buques torpedeados, ese fue el inicio de un nuevo negocio para don Joaquín. Todo tipo de mercancía recalaba en Río Indio: Petróleo, aceite, gasolina, ácido acético, leche, cocoa, avena, hule y lacre brasileño, conocido localmente como cera de caranuab. Se iniciaba así el auge económico de Río Indio.”
LA EXPLOSION DE ISLA MUJERES
Pero no todo lo que llegó a la costa quintanarroense fueron productos comestibles o comercialmente atractivos. En Isla Mujeres, por ejemplo, según afirma el empresario José Salvador Lima Zuno, recaló a las playas un artefacto explosivo que se pensó podía tratarse de algún tipo de mina de fabricación norteamericana para contrarrestar a los submarinos alemanes, y del mismo modo se dio por sobreentendido que estaba desactivado.
Con el paso del tiempo este artefacto terminó en el patio de la casa de una familia isleña, y 30 años después –al inicio de los 70 – cuando ya nadie se acordaba de él, se escuchó una sonora explotación que hizo cimbrar Isla Mujeres y provocó que sus habitantes salieran de su rutina: la bomba no estaba desactiva, pero para fortuna de todos no hubo un solo herido.
Para el investigador Mario Moya Palencia, los últimos sumergibles alemanes en llegar a la zona fueron el U-171 al mando del capitán Günter Pfeffer, quien tenía la orden de recorrer el Canal de Yucatán, y el U-176 que se encargaría de la zona de Cuba
Por fortuna los “Lobos Grises” fueron requeridos en Europa para la defensa de Alemania y partieron del continente, dejando atrás una estela de muertes y hundimientos en el Golfo de México, Península de Yucatán y Caribe. Estados Unidos pudo por fin establecer un sistema de vigilancia que iba del propio territorio norteamericano, pasando por la base aérea de Cozumel, hasta Panamá.
El capitán Beck relata el ataque de los alemanes
Tras casi tres días en el mar
recalan a Quintana Roo
El 10 de junio de 1942, a las seis de la tarde y frente a las costas de Honduras, un submarino alemán abrió fuego sobre el barco “Crijnssen” de nacionalidad holandesa. Lo dramático de esta historia es que a bordo iban sobrevivientes de otros barcos que días antes también habían sido torpedeados por las naves nazis.
Destaca el caso del capitán Albert J. Beck, comandante del barco panameño “Silver Arrow”, quien a bordo del “Crijnssen” volvió a ser atacado.
El siguiente relato es un excelente trabajo publicado en el periódico “En Marcha…”, órgano de la Federación de Cooperativas de Quintana Roo, publicación bimestral, número 117, de fecha 30 de junio de 1942, y facilitado a PIONEROS por el Archivo General de Quintana Roo. Se transcribe tal como apareció.
Inmediatamente que se tuvo noticias aquí del arribo de un grupo de náufragos a Xcalak, el Sr. Dr. Guillermo T. Padilla Ramos, Secretario General de Gobierno actualmente encargado del despacho, ordenó la salida del yate “Oaxaca” para dicho lugar, conduciendo alimentos, medicinas, etc, etc.
El día 17, cerca de las quince horas, retornó el “Oaxaca” conduciendo a bordo a treinta y un náufragos de distintas nacionalidades.
Algunos de los náufragos que estaban heridos y que por estado de saludo lo ameritaba, fueron internados en el hospital Morelos y los demás fueron hospedados en un amplio departamento de la escuela Belisario Domínguez donde les proporcionaron todo género de atenciones.
El Dr. Padilla ordenó desde luego se les proporcionaran alimentos mientras durara su estancia en esta ciudad y personalmente estuvo ocupado a atender a los supervivientes, vigilando que no les faltara nada.
El capitán Beck narra su odisea y este caballero, en patético relato, nos narra la odisea de él y de sus compañeros. Que él era capitán del barco panameño “Silver Arrow” que fue torpedeado algunos días antes, habiendo recalado al puerto de Curazao.
Que de dicho lugar salieron con destino a los Estados Unidos de Norte América, para Nueva York, en el vapor holandés “Crijnssen” , además del capitán Beck llevaba este barco que tenía un desplazamiento de 4,500 toneladas brutas, sesenta tripulantes y 26 pasajeros, entre los que se encontraban sobrevivientes de otros barcos torpedeados, el noruego “Lessen”, el canadiense “Wellendoc” y el panameño “Silver Arrow”, del cual era capitán el señor Beck.
Que entre los 17 grados latitud norte y los 82 longitud occidental, sintieron el impacto de un torpedo, siendo como a las seis de la tarde del día 10. Que el junto con otras 30 personas, abordaron un bote salvavidas y con todo apresuramiento se alejaron del lugar del siniestro, pues él, por experiencia, sabía que los submarinos tenían la inhumana costumbre de que, después de que torpedeaban un barco, salir a flote y ametrallar a los sobrevivientes.
Que la última vez que vio al capitán del Crijnssen, éste se encontraba en el puente de mando del barco dictando las postreras órdenes para el salvamento, pero no puede decir si él se hundió con el barco o pudo salvarse, pero se dio cuenta de que otros dos botes salvavidas abandonaron el barco con más personas.
Tanto el capitán Beck como sus compañeros, estuvieron dos días y medio en el mar, sin tocar tierra, pues el barco fue hundido a las 18:30 horas del día 10 y llegaron a “Placer” a las 9 de la mañana del día 13.
Así pues “Placer” fue la primera tierra mexicana que tocaron los supervivientes, quedándose en ese lugar 27 de ellos, pues nuestro informador, con otros tres compañeros, se encaminaron hacia el sur hasta aparecer en Río Indio en donde guiados por un señor de apellido Fernández lograron llegar al puerto de Xcalak, en este lugar se comunicaron con el subdelegado de gobierno, quien a su vez, hizo del conocimiento del señor Dr. Padilla, Secretario General de Gobierno, la presencia de los náufragos, quien como primera providencia, ordenó se les prodigaran todo género de atenciones, así como se les proporcionara atención médica, medicinas, alojamiento y víveres, además de ropa, zapatos, etc., etc., de que carecían.
Otra de las personas a quien el Capitán Beck hace presente su agradecimiento, es al señor Valerio Rivero, pues este señor voluntariamente salió en busca de los 27 compañeros del Capitán, y a quienes condujo a Xcalak. Que el barco Crijnssen pertenecía a la Real Compañía Holandesa de Vapores, con dirección Broadway 25, de New York, E.U.A
OTROS SUPERVIVIENTES DE
CRIJNSSEN LLEGAN A COZUMEL
A punta Herrero arribaron otros nueve náufragos, quienes fueron conducidos a Cozumel, en donde por instrucciones del señor Dr. Padilla, también fueron atendidos.
De todo lo anterior el señor Secretario General de Gobierno informó al titular del mismo señor General de Brigada, Gabriel R. Guevara, quien a su vez, lo hizo del conocimiento de las autoridades civiles y militares competentes.
Por instrucciones del vicecónsul de Holanda en Yucatán, señor Heriberto Gutiérrez, los náufragos fueron trasladados a Mérida a bordo de la moto nave “Quintana Roo”, con excepción de ocho de ellos que hicieron el viaje por avión.
Por medio de nuestra columnas y por conducto del señor Capitán Albert P. Beck, los supervivientes del “Crijnssen”, otra víctima más de los países del Eje, hacen presente al señor General Gabriel R. Guevara, al Dr. Guillermo T. Padilla y estimables colaboradores, su sincero agradecimiento por las atenciones y facilidades que les prodigaron desde el momento que pisaron tierras mexicanas.


