Hanal pixán, comida de ánimas

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Por Arq. Carlos Alberto Cosgaya Medina

E-mail: carlos_cosgaya@hotmail.com

 

Los Días de Muertos en la península de Yucatán se celebran más o menos de la misma manera en toda su extensión geográfica, recordándonos que a pesar de la división política-territorial, el pueblo nativo es de un mismo tronco: el maya y el mestizo yucateco. Estas costumbres se conservan con mayor devoción y fidelidad en las comunidades pequeñas, en tanto que en las ciudades es más el gusto por la fiesta, que la creencia sobre el origen de ella.

El pueblo maya desarrolló una gran cultura durante casi 4 000 años hasta la llegada de los españoles, durante el  Periodo Clásico y al principio del Postclásico, creían que la muerte era el inicio de  un viaje a otra vida en el Inframundo (Xibalbá) y por eso enterraban a sus muertos rellenando la boca del difunto con suficiente maíz molido (keyem), para que no padecieran hambre en el trayecto y ponían en su tumba otros objetos que le pudieran ser necesarios en ese recorrido; a los niños los enterraban con sus juguetes.

En algunos casos sepultaban a sus familiares en el interior de su vivienda. En el sitio arqueológico del Rey, en Cancún, y en otros sitios ceremoniales de la región maya se han encontrado osamentas en posición sedente (sentados) enterrados en el piso interior de las viviendas. Esa práctica nos demuestra lo natural que veían la muerte como el paso de lo finito a lo infinito. Sin embargo, a finales  del Postclásico y durante los primeros años de la Colonia sabemos que los mayas sentían un gran temor a la muerte “por las noches lloraban con lamentos desgarradores a sus muertos”, así lo narran algunos conquistadores en las Relaciones Histórico Geográficas de la gobernación de Yucatán de 1579.

 

EL SINCRETISMO RELIGIOSO

 

La tradición de los  días de muertos o hanal pixán es un sincretismo de las antiguas creencias mayas unidas a la iconografía y ritual católico, es una celebración mestiza. Los mayas creían que los muertos reencarnaban en animales, pájaros, niños, etcétera. Y según el comportamiento que habían tenido en vida, Ah Puch, el dios de la muerte, los enviaba nuevamente a la tierra – en espíritu, después de cierto tiempo- para que conviviera con sus familiares.

Estas creencias son las que generan el culto a los muertos y la celebración del hanal pixán, y se le llama “celebración” porque los espíritus de sus antepasados vienen a visitarlos y ellos se preparan con esmero para recibirlos. Antes de la Conquista no tenían fecha fija para celebrar a sus muertos. Los mayas prehispánicos les rendían a diario algún tipo de ofrenda a sus antepasados muertos en espacios designados al interior de sus viviendas.

Fray Diego de Landa, en su libro Relación de las Cosas de Yucatán, hace una breve pero rica descripción de la disposición de un altar dedicado a muertos evidenciando la importancia de la presencia del difunto, en ese mismo espacio utilizaban una figura de barro en cuyo interior se depositaban las osamentas de sus antepasados. No tenían ninguna fecha específica del regreso de los muertos, sabemos que creían en un peregrinar de las almas entre los niveles del yaxché ( ceiba, árbol sagrado) hasta alcanzar su destino final de acuerdo a sus actos en vida. Las celebraciones del 31  de octubre al 2 de noviembre, son posteriores a la conquista de Yucatán, es sincretismo con las fechas de celebración católica, cuyos orígenes se remontan al año 835 d.C. en que la iglesia cristiana designa el día 1 de noviembre como el día de los Santos Difuntos cambiándolo al día 2, en el año 1222 en el concilio de Oxforden, Francia.

Los preparativos para el hanal pixán involucra a toda la familia en el arreglo y limpieza  de la casa; de las tumbas en el cementerio u osamentas en los templos, así como en la preparación de los alimentos. A todos los fallecidos se les limpia y prepara el camino; todos procuran terminar sus labores a tiempo porque creen que los espíritus lloran al ver un trabajo inconcluso. Las personas se acuestan temprano para no perturbar el paseo de las animas, se colocan jícaras de agua en los altares para purificar y proteger de los malos vientos a los habitantes de la casa.

 

EL ALTAR

 

Para que la devoción no se confunda se separan los días de ofrenda en los altares:

* 31 de octubre. Mejen o chichán pixán. Es el día de los niños, ánimas chicas, y las ofrendas son en proporción a su edad.

* 1 de noviembre. Nojoch pixán.  Es  para adultos, las ánimas grandes. En algunos casos, si el muerto lo disfrutó en vida, se le pone una botella de licor y cigarros debajo del altar. Algunas familias esparcen cenizas alrededor del altar para comprobar, por medio de las huellas que los difuntos vinieron a tomar las ofrendas. Otras  familias colocan un altar pequeño destinado a las ánimas solas -de quienes nadie se acuerda- luego, se les llama en voz alta con el rezo para que vengan a compartir el alimento. Todos los días se realizan rezos y rosarios ante los altares.

 

LA ORNAMENTACIÓN

 

En su origen la mesa de altar debía ser armada sin clavos, actualmente ya no es requisito. Los ornamentos varían de acuerdo al día:

* Ánimas chicas, mantel de colores con bordados.

* Ánimas grandes, mantel blanco o negro. El complemento ornamental para ambos días va de acuerdo a las posibilidades económicas de la familia y sus costumbres, lo básico es poner la foto, velas blancas y de cera de abeja, veladoras, vaso con agua, crucifijos, imágenes religiosas de su devoción, frutas panes, ruda, incensario, flores y los alimentos.

*Ánimas solas, mesita con mantel blanco, vela blanca, vaso de agua  y plato de comida.

 

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LA COMIDA Y LAS BEBIDAS

 

Se cree que originalmente la ofrenda del hanal pixán sólo eran los tamales enterrados (o pibes) y el pozole (bebida hecha con maíz nuevo), pero hoy en día pueden ofrendarse elaborados tamales o comidas que se cocinan enterradas, como el relleno negro, el mukbil pollo, jícaras con bebidas como el chocolate; así como todo lo que se recuerda fue del agrado del difunto en vida.

El 2 de noviembre es visita obligada al cementerio o al templo (iglesia) para rezarles un rosario y elevar una oración.

Hoy en día, en las zonas urbanas la transculturación generada por el comercio y los medios de comunicación, ha logrado que la gente consuma y “celebre” al estilo anglosajón con el Halloween de origen celta, adornando el exterior de sus casas con calabazas en vez de altares; sacan a sus niños disfrazados “al truco o dulce” pero no promueven la visita a sus antepasados al cementerio, decorando el interior con figuras de brujas y monstruos de la ficción hollywoodense y no con ofrendas dedicados a sus seres queridos ya fallecidos.

En los tres estados de la península de Yucatán, preocupadas las autoridades por la conservación de las costumbres relacionadas con el hanal pixán, convocan a concursos en sus comunidades para elegir el mejor altar y así rescatar y difundir nuestras costumbres.

Yo he tenido el honor de ser jurado en algunas ocasiones en Valladolid y puedo atestiguar que es un verdadero espectáculo ver el entusiasmo de estudiantes y familias completas durante su participación en estos eventos, en ellos se puede ver: manteles de tela en bordados de técnicas y diseños diversos ¡verdaderas obras de arte!  Joyas de arte sacro que han estado en manos de familias por varias generaciones (al menos desde la Guerra de Castas o, la Cristera), retratos al óleo o fotos en blanco y negro de sus familiares, algunas retocadas manual o digitalmente con color, con marcos artísticos, la mayor parte de las veces antiguos. Se ven los más variados platillos típicos y bebidas que fueron del gusto de sus seres queridos.

Lo que mucha gente ignora es que esta celebración del hanal pixán debe de ser orgullo de todos los que vivimos en la península de Yucatán, nativos o no; pues forma parte del patrimonio cultural intangible que nos da identidad.

Esta celebración se realiza en todo el país, con sus variantes regionales que son un verdadero espectáculo para propios y extraños; por ese motivo, la celebración del Día de Muertos en México, fue decretado por la UNESCO en noviembre de 2003, OBRA MAESTRA DEL PATRIMONIO ORAL E INMATERIAL DE LA HUMANIDAD.

Con el objetivo de que: “Sus actores tengan clara conciencia de su valor (…) reviste una importancia considerable en la vida cotidiana de las comunidades indígenas por la dimensión de la muerte que propone”. Así lo subrayó en un comunicado la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), justificó la incorporación de las celebraciones indígenas del Día de los Muertos en su Patrimonio Oral e Inmaterial, porque aunque no están formalmente amenazadas, “Su dimensión estética y metafísica (…) debe preservarse del creciente número de diversiones no indígenas y de carácter comercial que tienden a vaciarlas de su contenido espiritual. Un llamado de atención para todos nosotros, ante el reconocimiento internacional y el desconocimiento nacional del valor y la esencia de esta tradición.